María Nájera, amante de “la sopa de letras”

María Nájera nació en Madrid aunque se considera aragonesa. Licenciada en Filología Hispánica y Periodismo, en la actualidad reside en Escocia. Colabora en medios españoles como Abc y El Hedonista, e imparte clases de español a extranjeros. Adora comer, sobre todo si es en buena compañía, y viajar. Ha visitado multitud de restaurantes y hoteles, y lo ha contado, pero asegura que el mejor lugar es aquel en el que aparca su furgoneta.

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Foto proporcionada por María Nájera

Resulta comprensible que después de estudiar filología hispánica, cursaras la carrera de periodismo, pero ¿cómo te decantaste por hablar sobre gastronomía?

La respuesta romántica sería que siempre quise estudiar Periodismo y contarle al mundo los lugares donde encontrar las recetas más suculentas, pero esa no es la verdad. Lo cierto es que en mi caso, no soy periodista vocacional; mi verdadera vocación es la filología. Amo las palabras, reflexionar sobre sus posibilidades y encontrar las adecuadas para cada pensamiento. Y lo cierto es, y mucho más hoy en día, que pocas veces puedes elegir sobre qué escribir y en qué medio trabajar. Suele ser una suerte de coincidencias. En mi caso, al terminar la carrera de Periodismo, obtuve una beca de la Asociación de la Prensa de Madrid. Durante 11 meses trabajé en la redacción del diario Abc, concretamente junto al equipo de una revista semanal: La guía de Madrid. Al terminar la beca, necesitaban a un colaborador que escribiera sobre locales de noche y yo estaba, como digo, en el lugar y momento adecuados. Después, empecé a escribir sobre bares de tapas y, además, empecé a trabajar en una agencia de comunicación especializada en gastronomía. Así fue como me introduje en el sector de la gastronomía. Sinceramente, no lo elegí.

¿En qué momento crees que comenzó este “boom” sobre la cocina?

La gastronomía es un bien cultural de gran valor. Y en España, además es excepcional porque tenemos una despensa única y una tradición realmente auténtica. En torno a una mesa, nos relacionamos, celebramos y también cerramos negocios. Por ello, multitud de personas viajan hasta nuestro país en busca de sus productos, platos y vinos. Por tanto, la gastronomía mueve nuestra economía. Genera riqueza.

No me atrevo a afirmar si es un boom o una realidad firme. Es decir, nada pasajera. Aunque en la actualidad, los programas de televisión han acercado la cocina al público general, el interés viene de lejos y no creo que desaparezca cuando dichos programas sí lo hagan. Lo cierto es que la imagen que ofrecen de la cocina, en mi opinión, es un tanto distorsionada. Los niños ahora quieren ser cocineros, pero no son conscientes de las horas de trabajo, el sacrificio personal y los diferentes escalones que hay que recorrer para triunfar. Sin olvidar que triunfar es un concepto muy amplio…

¿Qué es lo que hace que este tema sea tan atractivo para la gente?

Los sabores, olores y texturas que brinda una receta estimulan nuestros sentidos. Los cocineros tienen un don para convertir en excepcional platos tradicionales y otros puramente vanguardistas. No es fruto del azar, ellos han invertido horas de estudio, pruebas, ensayos y errores. Además, la cocina está asociada con los recuerdos y eso también es muy atractivo.

¿Qué piensas que es lo más gratificante de tu trabajo?

Haber trabajado en comunicación y como periodista, me ha hecho viajar, conocer a personas que de otro modo nunca hubiese descubierto y tener el privilegio de conversar con ellos. Recuerdo muchas de esas conversaciones que trascendieron lo gastronómico. Por ejemplo, la que mantuve con uno de los chefs que más admiración despiertan en mí: Josean Alija, de Nerua, en Bilbao. Con él charlé sobre fondos y verduras, y también sobre la evolución de su ciudad.

Si solo pudieras escoger un plato de cocina vanguardista y otro de cocina tradicional para comer durante toda la vida, ¿Cuáles serían?

Posiblemente, sería la merluza frita con infusión de pimiento a la brasa y perejil de Eneko Atxa, si pudiera visitar cada día Azurmendi, y la borraja con arroz y almejas de mi madre.

¿Qué es lo más raro que has comido en un restaurante al que has sido invitada?¿Y lo más clásico?

Ante la mesa, la mejor actitud es tener la mente y los sentidos abiertos. Cero prejuicios. Cuando es así, casi nada es raro. He comido carne de muchísimos animales y también medusa. En cuanto a clásico, volvería una y otra vez a Zalacaín, y pediría su lasaña de hongos y las patatas soufflé. Y de La Viña, en San Sebastián, su tarta de queso.

Hemos visto que, además de escribir sobre temas culinarios, tienes un blog. ¿De qué sueles hablar en él?

Mi blog, Cardamomo y Clavo, es un pequeño y personalísimo espacio. Cuando vivía en Madrid, compartía muchísimas direcciones y hallazgos en torno a tiendas, exposiciones, bares, restaurantes… Con el paso del tiempo, quizá ha perdido ese carácter práctico de ‘guía de ocio’ y es más introspectivo. En él, por ejemplo, he compartido experiencias muy personales porque entendí que era mi forma de concienciar sobre una situación que no solo he vivido yo. Por ejemplo, el aborto y el silencio que rodea a esta vivencia. Dicen que tengo una forma bonita de ver y contar el mundo, y a través de este blog es lo que hago. Compartir experiencias de mi día a día que no tienen nada de extraordinario, pero que, precisamente por eso, son reconfortantes.

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Foto proporcionada por María Nájera

También eres especialista en hoteles, ¿a cuál volverías sin pensarlo dos veces?

De un hotel me atrae el olor, el tacto de las sábanas e incluso la caída de las cortinas. Aprecio el desayuno, el trato del personal, los libros que encuentras en la biblioteca y el aroma del jabón o de las velas. Eso y claro está, la arquitectura, el lugar en el que se encuentra, la luz que entra por las ventanas… Si he de elegir un destino, me quedo con el Hostal Empúries, a un paso de L’Escala, en Gerona. La elección, además, está vinculada a mi infancia, a mis recuerdos. Porque siendo niña, muy cerca de allí, solía pasar junto a mi familia una semana de septiembre. Cada día, cuando caminaba por delante de ese hostal, me colaba en sus baños o en la biblioteca, y le preguntaba a mi madre por qué no íbamos a ese hotel.

¿Qué es lo que no falta a diario en tu mesa?

Mi dieta se compone esencialmente de verduras, legumbres y frutas. Apenas como carne y desde hace muchos años, no tomo aves. Si bien, en la mesa de un restaurante tomo lo que el chef considera representativo y desea que pruebe. En mi mesa, si hay algo que nunca falta es, sin duda, el aceite de oliva. Mi favorito: Aubocassa.

 

Antes vivías en Pamplona, ¿Qué restaurante recomendarías a los estudiantes?

Efectivamente, he vivido en Pamplona durante los últimos tres años. En esta ciudad he echado de menos variedad en lo que a cocinas se refiere. Por ejemplo, apenas hay oferta oriental. Si he de recomendar un lugar rico para los estudiantes, diré La Crepería. Está en el número 23 de la calle San Gregorio. Y resulta una delicia no solo por sus especialidades sino también por la delicadeza y el amor con el que su propietaria, Orreaga, prepara cada crepe. ¡Y cómo huele!

¿Una bebida imprescindible?

Vino tinto. Uno tan bueno como Lalama, de las bodegas gallegas Dominio do Bibei.

De todos los medios en los que has trabajado (que no son pocos), ¿Cuál es el que más ilusión te hizo cuando te llamaron?

Tengo la suerte de haber colaborado en multitud de medios y en cada uno de ellos haber aprendido. Siento muchísimo cariño hacia El Hedonista y su editor, Miguel de Santos. Creo que es el profesional del que más he aprendido.

Sabemos que has escrito un libro llamado ¡Continúa caminando! Un albergue en el Camino de Santiago, ¿qué te inspiró a hacerlo?

Soy periodista y también he ejercido como hospitalera en Check In Rioja, el hostel que mi hermano Nacho construyó personalmente en Logroño. Allí conocí a multitud de peregrinos llegados de todo el mundo y esto, sumado a mi propia experiencia siguiendo las flechas amarillas, inspiró este pequeño libro sobre el Camino de Santiago. Lo escribí, auto-edité y publiqué en mayo de 2008, la acogida fue maravillosa y de los 500 ejemplares que en su día salieron de gráficas Ulzama, apenas quedan 60 libros. Resulta emocionante comprobar que al caminar, casi todos sentimos lo mismo. Multitud de peregrinos que lo han leído, me escribieron para decirme que es el libro que a ellos les hubiese gustado escribir.

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Libro ¡Continúa Caminando! Un albergue en el Camino de Santiago. Foto proporcionada por María Nájera

María Marco

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