Gastronomía: “afición al buen comer”

¿Alguna vez habéis llegado a cenar a casa y os habéis encontrado con una fuente de zanahoria rallada? Os aseguro que yo sí.

En mi familia somos nueve y para dar de comer a tanta gente se opta por platos bastante sencillos, es decir, poco elaborados. Por eso cuando supe que íbamos a escribir sobre gastronomía lo primero que me vino a la cabeza fue “y eso ¿qué es?”.  Desde luego, jamás había considerado que lo que se come en mi casa entrara en el campo de la gastronomía. Es verdad que en ocasiones especiales se cocina algo más elaborado, pero estoy casi segura de que lo que para mí es un plato  especial para muchos es su día a día.

Según la definición de la RAE la gastronomía es “arte de preparar una buena comida” o bien “afición al buen comer”. Según yo, era lo siguiente: una noche en París, dos velas, una copa de vino tinto, una ración 2×2 comida3 centímetros y una hermosa luna de fondo. Hasta ahí llegaba mi imaginación respecto al arte culinario. Y, claro, esta concepción casa poco con la de familia numerosa en la que el objetivo de la comida (aunque suene un poco grosero) es saciar estómagos, sobre todo, de los miembros más jóvenes. ¿No os lo imagináis? Pues es algo parecido a esto:

“Son las 21:07 pm y en una casa en la que nunca reina la paz hace 7 minutos que se tendría que estar cenando. Se siente la tensión en el ambiente. En sus respectivas habitaciones los hijos mayores, delante del libro, dirigen constantemente la mirada nerviosa hacia el reloj de su escritorio esperando la llamada. Los pequeños, como siempre, revoltosos no dejan de correr de arriba abajo de la casa mientras preguntan cada dos segundos: “¿cuándo cenamos?”. De repente se oyen unas llaves y gira el pomo de la puerta de la cocina. Se contiene la respiración y alguien grita: “¡¡¡PAPÁ HA LLEGADO!!!” Acto seguido la voz de mamá, que hasta entonces ha permanecido eclipsada por el ajetreo familiar, se eleva para gritar la esperada llamada: “¡¡¡ A CENAR!!” Antes de que termine la escueta frase toda una estampida ha salido de sus cuartos y en media milésima de segundo se encuentra sentada en la mesa. A todos les brillan los ojos mientras observan la fuente de arroz, la ensalada y los filetes de pollo empanado. ¿Cuál es el primero?, ¿cuál el segundo? Eso es lo de menos. Todo en el mismo plato y a arrasar con lo que haya. ¡Ah! Y que no falten las dos barras de pan.”

En cierto sentido, si miramos la definición que relaciona el arte culinario con “la afición al buen comer” se puede decir que en mi casa sí hay una buena gastronomía. Aunque supongo que dependerá de si la palabra “buen”, se interpreta como adverbio cuantitativo o como adjetivo calificativo. Si la interpretación es la primera y el “el buen comer” se traduce como comilona, entonces os puedo asegurar que en mi casa se encuentran los gastrónomos más exquisitos del país, por no decir del mundo.

MARÍA CASTEJÓN ECHEVARNE

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