Lo que le deben las marcas de lujo a los pequeños negocios

El cuadrilátero de la moda localizado en el corazón de Milán, capital económica de Italia, está siendo escenario de una “guerra” entre marcas de lujo. Allí encontramos las marcas más exclusivas como Chanel, Gucci, Cartier… pero, ¿Esto qué tiene que ver con la cocina? No es desconocido que  hace unas décadas las firmas más prestigiosas se bajaron de las pasarelas y comenzaron a diversificar su imagen, ¿Han llegado a irrumpir entonces en el sector gastronómico?

Prada y Luis Vuitton se enfrentaron en 2013 por la compra de una de las pastelerías de mayor fama en Milán: Cova, emplazada en Montenapoleone, calle del ya mencionado cuadrilátero de la moda. El duelo se saldó con la compra por parte de Louis Vuitton pero Prada no se quedó atrás, lejos de desligarse de este sector compró la pastelería Marchesi, un icono en la ciudad.

Para comprender mejor esta estrategia comercial que tiene como nuevo agente a las pastelerías voy a remontarme a los orígenes de Marchesi. En 1824 Angelo Marchesi inauguró el primer establecimiento en Via Santa Mª alta Porta. Con el cambio al sigo XX sus descendientes decidieron impulsar el negocio ofreciendo además de los típicos panettone, chocolates, bombones… los servicios de un bar: desayunos, lunch, té, y aperitivo.

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Tarjeta de visita de Marchesi

En 2014 Prada adquirió un 80% del negocio, manteniendo la estética clásica de la pastelería. Un año después, abrió un nuevo establecimiento en Montenapoleone, a escasos metros de Cova. Diseñada por Roberto Baciocchi,en tonos menta, con mármoles de color chocolate y vitrinas que rebosan de los dulces más apetecibles de horneación diaria. Estos se sirven en porcelana clásica y cubertería de plata. Además, está prevista la inauguración de una tercera pastelería Marchesi este mismo año y nada menos que en la Galleria Vittorio Emanuele II.

 

 

 

 

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Alba recalde posa frente a la pastelería

La firma ya cuenta con un museo de arte moderno: Fundación Prada ya que según Minucia Prada se trata de “hacer de alguna forma el arte accesible” y “mantener la cultura de Milán”. Y es que la repostería es parte de esa cultura y ese arte milanés. En un coloquio con el diseñador y filósofo Imarika Maximiliano en Milán (al que dos redactoras del blog tuvimos la oportunidad de asistir) afirmó que la marca es elegante y dinámica, una obra de arte en sí.

Fashion to the rescue! bien podría ser el título de esta entrada pues, esta estrategia dota a las marcas de una imagen filántrópica, están dispuestas a respetar la tradición. Sin embargo, se trata mas bien de hacerse con símbolos de excelencia en la ciudad de Milán. “Se trata de comprar excelencia, no algo que se pueda crear de la nada en 48 horas” según Branchini. En esta ampliación de la idea del lujo ya hay otra pastelería en el punto de mira: Sant Ambroeus (también en el cuadrilátero de la moda)

Cristina Cañiz

 

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